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10/7/2010 LOS REBAÑOS DEL SOL (HERENCIA TEXTIL ANDINA)

El tejido de vicuña se encuentra asociado, entre nosotros, a comunidades de tejedoras del noroeste argentino y, precisando aún más, su tradición se circunscribe a Catamarca, en cuyas altas punas se halla el "hábitat" de la Vicuña.

Con respecto a la sedosa fibra de este animal, Cieza de León escribió estas palabras llenas de asombro: "La lana de estas vicuñas es excelente, y toda tan buena que es más fina que la de las ovejas merinas de España".

Restos de corrales, de épocas muy tempranas, como los hallados en los Andes Peruanos (entre los 6.000 y 4.500 a. C.) nos hacen pensar que, si desde siglos atrás ya se estaban confeccionando elementos tejidos con fibras toscas de origen vegetal, la presencia cercana de estos animales debió haber motivado la utilización de sus fibras.

tejido andino

Y no sólo de sus pieles. Pero no estamos en condiciones de determinar cuándo se produce este fenómeno.

Es indudable que a partir de la domesticación de algunos de estos animales la relación del hombre con respecto a los que habían quedado en estado silvestre debe haberse transformado.

El camino seguido por las llamas, las alpacas y un híbrido, la pacolama, va a ser muy distinto de los que pudieron tener el guanaco y la vicuña. Los primeros fueron adaptados como proveedores de lana, de carne, o para el transporte en la difícil e intrincada geografía andina. El hecho de pertenecer la vicuña al mundo silvestre, de no ocupar espacio en la vida cotidiana, de no adaptarse al cautiverio, le hizo adquirir un estamento jerárquico superior a los otros auquénidos.

Con respecto a su espacio social, los cronistas del Incario (entre ellos Guaman Poma) nos relatan que todos los camélidos en estado salvaje pertenecían al Sol. Esta pertenencia de los rebaños a las deidades les dan una presencia; distinta con respecto a los otros animales, colocándolos como vinculados directamente a elementos sobrenaturales.

Flores Ochoa recoge entre comunidades de la zona de Cuzco y Puno conceptos que evidencian que estos animales son exclusiva pertenencia de los Apus, espíritu y señores de las montañas, y que los hombres no tienen dominio absoluto sobre ellos sino la obligación de cuidarlos y utilizarlos.

tejidos de vicuna

Entre nuestros viejos paisanos del noroeste es el dios Coquena o el Llastay el único dueño de las vicuñas y el que las protege de los depredadores. Todo confluye a pensar que los incas tuvieron con respecto a este animal la consideración que aúri perdura en algunos lugares.

"En época inca, cuando la caza en la sierra se había convertido casi en privilegio real, los batidores del rey rodeaban a miles de ciervos, guanacos y otros animales, y los arreaban hasta un punto central. Los cronistas afirman de modo unánime que no se mataba a la mayoría de ellos. Pretenden que a las vicuñas, que siempre han sido escasas, nunca se les daba muerte a menos que fueran viejas. A los animales cautivos se los esquilaba, dejando en libertad a las hembras. Cieza explica la prohibición de matar hembras alegando que se necesitaba una provisión amplia de lana. A los venados, guanacos machos y demás animales se los comía, haciendo charqui con su carné.

Por sus propias calidades y la escasez de su fibra, la vicuña aparece como proveedora de material para piezas de muy alta factura desde la época de Paracas, en el primer milenio antes de Cristo. Luego, las sucesivas culturas que se hacen presentes en los hallazgos de la costa peruana, especialmente finísimas piezas Nazca y Wari-Tiahuanaco, indican el aprecio que la comunidad le otorgó.

La diferencia se establecía no sólo en el aspecto de la ropa, sino también en el material de su fabricación, marcando así las distintas jerarquías, "el Inca, como los nobles, vestían en tejidos de vicuña, alpaca o lana selecta de llama. Reviendo cronistas, John V Murra subraya que dentro de las atribuciones del Inca, hijo del Sol, estaba la de ser el único poseedor de prendas de vicuña; Esta tradición nos llega a través de información recogida en la obra del Inca Garcilaso, Cieza de León, Pedro Pizarro y el padre Bernabé Cobo; de tal forma era pertenencia real que todo aquél que vistiese ropa de vicuña sin autorización del Inca era pasíble de pena de muerte.

Privilegio del rey, sólo él podía autorizar su uso entre parientes o jefes leales si los consideraba dignos de tal prebenda.

vicunas

Su ropa, por extensión de la naturaleza divina del dueño, era quemada luego de ser usada, según algunas crónicas, salvo que el mismo Inca decidiera darle otro fin.

Las finas camisas llamadas uncus presentaban una rigurosa simbología. Diseños ajedrezados, figuras que seguramente tenían valor similar al lenguaje, adornaban estas prendas.

Asimismo, entre los elementos del tocado había atributos reservados exclusivamente al uso del Inca, como lo eran la vincha llamada llauto, el pompón de lana roja, llamado mascaypacha y las plumas del pájaro sagrado, el corequeque.

Los súbditos estaban tan lejos de él, que si algún acontecer los llevaba ante su presencia, debían comparecer en actitud humilde, con los ojos bajos y llevando una carga de leña en la espalda.

El dios creador, lo mítico, se identificaba así con el Inca, que actuaba de mediador entre el mundo de los hombres y el cielo, asimilándose, él mismo, a la sacralidad del centro del mundo, de su ombligo, puesto que eso quiere decir en quechua la palabra Cuzco. "En el Cuzco se encontraba la montaña sagrada, es decir aquel punto que permitía la unión de cielo, tierra y subsuelo, los tres planos del mundo" y también el Inca era un axis mundi, una referencia al centro del Universo.

Esta preciosa fibra de un animal silvestre, pero familiar en nuestro noroeste, fue el material vinculado a la realización de las prendas más finas del vestuario tradicional argentino.

El punto de Poncho

El poncho, con su simplicidad y elegancia, es una síntesis de la herencia andina, y al parecer, sería originario de zonas cordilleranas argentino-chilenas.

Su linaje americano ha sido confirmado por los investigadores. Entre ellos, el doctor Salvador Debenedetti, quien halló en una gruta natural de la cordillera sanjuanina uno de los testimonios más evidentes de la existencia del poncho prehispánico.

En Angualasto, hace 1500 años, había sido depositada una mujer joven aún, "...tendida y ligada a una especie de angarilla, hecha con troncos, varillas y juncos unidos entre sí por cordones de lana de colores rojo, negro y blanco. El cuerpo estaba envuelto en ponchos desteñidos pero bien conservados y prendidos a la espalda con largas espinas. Estaba cubierta con dos ponchos. El exterior bien conservado, de lana de vicuña o guanaco grande, la envolvía totalmente; el interior, más pequeño, afecta la forma de una camisa sin mangas y cubría medio cuerpo. La vincha de cordones de lana roja atada sobre el occipital, el pelo corto y negro".

PONCHO

Con respecto al ajuar textil, la mujer estaba acompañada por husos, punzones, torteros, elementos para apretar el tejido, cueros labrados y tientos trenzados y en cuanto al material textil hallado en este entierro se encontraron estructuras "...elementales y otras elaboradas con gran despliegue de recursos técnicos originarios del Antiguo Perú'. Estas últimas incluyen doble faz, urdimbres excéntricas y faz de urdimbre.

El poncho se convirtió en prenda predilecta de los jinetes españoles desde poco tiempo después de su llegada a estas tierras porque cubría la necesidad de abrigo a la vez que posibilitaba la libertad de movimientos.

Es muy probable que los obrajes jesuíticos establecidos en Chile hayan sido uno de los centros difusores del poncho, puesto que desde allí se expórtaron desde los inicios del seiscientos hasta la expulsión de la Compañía. Otra fuente de producción de esta prenda fueron las familias de tejedores del noroeste argentino.

Antes de finalizar el siglo XVII, el poncho ya formaba parte de la vestimenta diaria en el Alto Perú, pero será el siglo XVIII la época de su gran popularidad en el espacio andino.

En la historia de las disposiciones legales de los conquistadores con respecto a la vestimenta de los indios, vemos al poncho unido a la vida y costumbres de los mestizos. Este personaje de dos mundos puede optar tanto por la montura española como por la prenda indígena puesto que participa de esos dos universos.

En el setecientos creció una visible admiración por el Incario. Se abrigaban sueños con respecto a la restauración de su imperio, reflejados en los cuadros, que con sus árboles genealógicos, hacían descender a las familias criollas de los mitológicos reyes del Cuzco.

El poncho fue confeccionado "a lo indio", urdido como antaño, con una sola urdimbre para toda la pieza por lo cual no presenta bordes de hilos cortados, y según la disposición del dueño será adusto o llevará bellos flecos o se cubrirá de flores bordadas a la moda.

Para esa época ya tenemos a las comunidades de tejedores que habitaban nuestras provincias del noroeste confeccionando piezas que exigían las nuevas formas de vida: mantas, cubrecamas, frazadas, etc. La introducción del telar español en el siglo XVI en esta zona sumó a lá larga tradición aborigen "... un aparato en el cual podían tejerse telas anchas y de muchos metros de largo. Sin embargo, no por eso decayó el telar autóctono. El poncho, las telas de vestir personal indígena continuaron siendo tejidas en él...".

A comienzos del siglo XIX el poncho estuvo presente en la preparación de las campañas libertadoras. "Durante la época de la independencia, los ejércitos expedicionarios de Ortiz de Ocampo al Alto Perú, Belgrano al Paraguay y al norte después, y el de los Andes, a su paso por las poblaciones del interior, reciben donaciones consistentes en reales, caballos, mulas, frazadas, cordobanes y principalmente ponchos".

Los ponchos de vicuña catamarqueños se consideraban los más representativos del tejido criollo. Martín de Moussy se asombraba de tan bellas piezas tejidas con tan sencillos instrumentos, señalando que el telar argentino era sumamente primitivo, "... es el mismo que sirvió al tiempo de los patriarcas y el mismo que la mujer árabe emplea bajo su tienda. Algunos planos cruzados para tender los hilos de la urdimbre, una planchuela para mantener separados los dos rangos de hilos, una báscula para dar las oscilaciones a es ta planchuela. Eso es todo...".

El poncho fino del noroeste se teje destacando la urdimbre que cubre completamente las pasadas de trama, ayudándose el tejedor con un instrumento llamado pala para que el tejido quede más apretado, de forma tal que a veces se logra que sea impermeable. Esta técnica se llama "faz de urdimbre' y, corrientemente, entre los tejedores "punto de ponchó'.

El tejedor de ponchos de vicuña, más allá de las modas, optó por resaltar el material con que confeccionaba sus prendas, el prestigio del animal del cual se extraían las fibras, la vicuña, cuyo color era fácilmente reconocible, y la puesta en evidencia en la prenda de la labor del hilado, labor difícil porque este camélido tiene una lana de fibras muy cortas:

Este artesarío, al igual que el tejedor de gasas y filets de Chancay, valora el principio estructural del tejido y el arte del hilandero, que dentro de la tradición prehispánica tuvo un gran reconocimiento social. Conoce lo que señalan los expertos: que se trata de un material excepcional. "Sólo las cabras de Kashmir y de Angora del Tibet y el Pamir son comparables a la tímida vicuña cuyo hogar está en los Andes".

La vicuña fue adoptada por los antiguos pastores cordilleranos para la confección de ponchos que tenían como fin, fundamentalmente, el cubrirlos de los fuertes fríos. El tejido era de hilos gruesos y el peso considerable, en aquellos rústicos ponchos.

Poncho y chalina ligeros tienen una función distinta para una vida diferente. Suponemos que su historia en cuanto a las necesidades de liviandad está unida a la de un jinete de largos caminos.

Las recuas de mulas que con el algodón fueron la columna vertebral de nuestras exportaciones hacia Chile, Bolivia y Perú durante" centurias, llevaban a los arrieros por arduos desfiladeros. En este ámbito seguramente se necesitaba una prenda abrigada y que ocupara poco espacio cuando el calor del mediodía obligase a plegarla. Por esta necesidad, creemos, el poncho se hizo liviano.

El poncho de lana de vicuña argentino es el menos pesado que se conoce, y fue así porque largos trayectos lo esperaban.

 



 

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