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17/7/2014 ABORIGENES AUSTRALIANOS
 


Aborigen, termino que viene del latín aborigines y significa nativo de aquel lugar, indígena, ligado en el pasado con los antiguos habitantes de Italia Central, viene a menudo asociado a los habitantes nativos de Australia: fueron los colonos ingleses, llegados para hacerse con aquellas tierras consideradas erróneamente de nadie, a llamar de este modo a los nativos del lugar, reconociendo, así, por una parte su estirpe y por otra pisoteando sus derechos y antigua procedencia.

En realidad, a la población aborigen le gusta cada vez menos este apelativo - no sin razón- eligiendo para si mismos definiciones ligadas a su propia lengua madre, y siendo numerosas, también numerosos son los nombres que los diferencian: arelhe, anangu, yapa, koori, murri, y también palawah...

 

Etnia de gran herencia espiritual e intelectual, considerada con razón vista la más antigua del mundo, la aborigen siempre centró y ha organizado su propia vida basándose en el respeto, la devoción y el homenaje a la Tierra, fuente única de inspiración y fe para este pueblo, tanto con el ambiente exterior como con los seres vivientes que allí habitan.

En un principio comunidad nómada, que adecuaba sus movimientos a los cambios de estación como a los traslados de los animales, de los cuales se alimentaba, a distintas áreas, la aborigen vivía en los periodos de estabilidad en cuevas, campos abiertos y al resguardo en simples estructuras hechas con hojas secas y ramas.

 

Este estilo de vida extremadamente autentico, instintivo, profundamente ligado a la esencia misma de la existencia y de la creación, desarrolló en ellos un sentimiento religioso - en un sentido amplio- ligado a la Época o Tiempo del Sueño, periodo mitológico primordial que tuvo lugar antes de la Creación del mundo y que une a todas las diferentes tribu autóctonas: en este tiempo legendario, los primeros seres, los Antepasados Totémicos o Criaturas Soñadoras, cruzaron el inmenso continente viviendo todo lo que les sucedió como único y primordial, imprimiendo su recuerdo en la tierra, cantando el nombre de todo lo que iban a encontrar a lo largo del camino, fueran arboles, animales, ríos, rocas, montañas... y dando así origen al mundo conocido.

 

De esta forma tenemos la creación de un mapa hecho de música, donde el cuerpo, la tierra y el sonido son las coordinadas para poder cruzar, un mapa geográfico metafísico y al mismo tiempo terrenal que incluye lo sagrado de todos los elementos naturales unidos a la capacidad de profecía de los sueños.

Todos los cuentos de los tiempos antiguos se trasmitieron gracias a los cantos tribales, considerados los únicos medios capaces de mediar entre el lenguaje terrenal y el más supremo y absoluto del sueño.

 

Recorrer estas Pistas de los Sueños o Vías de los Cantos, estos primitivos caminos imaginarios y abstractos, perceptibles y reconocibles solo por los mismos aborígenes, lleva al conocimiento, a la percepción y a la comprensión de los eventos mitológicos y a la revelación de la intima e interior armonía de la creación: todo lo que nos encontramos se eleva a símbolo sagrado y solemne, cargado de un fuerte valor representativo que cuenta y expresa la unión y el lazo con los antiguos Seres Primordiales.

Las Vías de los Cantos, o Huellas de los Antepasados, o Vías de la Ley como los Aborígenes las llaman, equivalen a una descripción detallada del territorio, verdadera representación gráfica del inmenso desierto australiano, indispensable para orientarse en su interior: siguiendo estos recorridos, los Aborígenes, únicos capaces de hacerlo, se mueven dentro de un ambiente aparentemente inhóspito e igual a otro, guiados simplemente por elementos como arboles, rocas, asperezas del suelo, pero que para ellos tienen un significado exacto e inequívoco.

 

Estos extraordinarios signos han fascinado desde siempre y han atraído numerosas personas, sobretodo los que tienen una sensibilidad más profunda y una atención particular.

Entre estos destaca el nombre de Bruce Chatwin, hombre de raro talento y excelente viajero, una de las voces más originales del panorama literario mundial.

Chatwin escribe en sus diarios: " Cada árbol era como una señal de neón. No había parte de la región que fuera insignificante a sus ojos. Solo había grados de significados".

Y también, Chatwin indica en su Las Vías de los Cantos como estos recorridos contienen indicaciones útiles a cualquier tipo de erradicación, incluyendo en su interior la esencia religiosa y tradicional de este pueblo.

"Australia toda puede, por lo menos en teoría, ser leída como un autentica partitura. No existe roca o riachuelo, se puede decir, que no venga cantado o que puede ser cantado".

Cada vía tiene de esa forma su propio canto, y el conjunto de estos caminos conforma una trama de recorridos aparentemente discontinuos con un fuerte significado simbólico, que recorren y delinean el espacio como una gran guía cantada.

 

En otro pasaje, el autor ingles escribe: "Los Hombres del Tiempo antiguo recorrieron todo el mundo cantando; cantaron los ríos y las cadenas de montañas, las salinas y las dunas de arena. Fueron a cazar, comieron, hicieron el amor, bailaron, mataron: en cada punto de sus pistas dejaron un rastro de música. Envolvieron el mundo entero en una red de canto; y al final, cuando cantaron la Tierra, se sintieron cansados".

Todo lo que los Antepasados difundieron, se transformó en señales de reconocimiento pertenecientes a las distintas tribu, y cada una caracterizó con sus propios sonidos y con sus propias huellas de referencias y ayuda: por eso, es más justo referirse a esta pueblo como errante que como nómada.

 

En cualquier lugar se encuentren, fundamentales son sus ceremonias tribales que celebran, asistidos por espíritus arcaicos, con danzas tradicionales realizadas al compás del didgeridoo - instrumento musical chamánico típico de las regiones del norte - y de las piedras sagradas tjurungas, tocadas por las mujeres, los cuerpos dibujados y decorados con miles de puntitos de colores.

No existe un lenguaje escrito, sus comunicaciones siempre se basaron en la representación pictórica y el arte aborigen se considera una de las más antiguas encontrada: los dibujos y grabados rupestres encontradas en el Altiplano de Arnhem, en la zona norte de Australia, se remontan a más de cincuenta mil años atrás.

Además de los frescos, están para recordar las pinturas sobre corteza, con dibujos que representan animales mitológicos y ancestrales estilizados, realizados con la técnica del trazo, esgrafiado,hechas con tierras naturales.

 

En el interior de del territorio australiano, en la parte desértica del centro, se puede encontrar el artesanado con el estilo más conocido de arte local: pinturas extraordinarias y variopintas compuestas por miles de puntitos de colores vivaces que forman espesos enrejados de lineas y círculos, y que reproducen los itinerarios y las paradas en los viajes de los Seres Arcaicos.

Toda la población aborigen, desde hace miles de años, se reconoce y determina en estos especiales signos de pertenencia, en las músicas que recuerdan rutas que sin interrupciones afirman su descendencia, en las huellas de los antepasados que trasmiten todo lo que se ha ido adquiriendo para las generaciones venideras.

La época moderna, sin embargo, los coloca en la posición de perder estos puntos de referencia, el riesgo de desaparecer, de llegar a ver sus propios caminos cruzados por vías ferroviales, borrados para dar espacio a construcciones de palacios: esta ruina borra de un plumazo milenios de memoria y de historias contadas, vuelven este pueblo perdido, confundido y desconcertado, con miedo respecto un mal que el destino los ha obligado a lidiar.

 

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